Ya no es el vértigo del primer día. Llevas años en esto y aprendiste a sostenerlo. Pero algo cambió: el lunes empieza lleno y el viernes no sabes en qué se te fue la semana.
Delegas y vuelve mal, así que terminas haciéndolo tú. Instalas un cambio y a las dos semanas todo volvió a como estaba. Persigues a tu gente tarea por tarea para que algo avance, y aun así sientes que remas contra la corriente.
Sabes trabajar de sobra. El problema es el sistema que armaste: solo funciona si estás tú en el centro de todo. Y ese centro ya no da más.


